LA HERMANDAD DE LAS ANGUSTIAS, UNA GRAN FAMILIA

insignias de la hermandad
insignias de la hermandad

Conmovido por el espectáculo, en el mejor de los sentidos, que acabamos de vivir en la Ofrenda Floral a la Virgen de las Angustias, me atrevo a escribir unas palabras que nacen de una reflexión profunda y que tienen como primer destinatario a los granadinos de hoy y de ayer: Gracias. Gracias, por este caudal de devoción que sigue vivo con el paso del tiempo.

Ciertamente, la devoción a la Patrona de Granada –hace 125 que se celebró solemnemente el patronazgo oficial, aunque ya lo era vox populi desde siglos atrás- nada sería sin el fervor de un pueblo entero que, residiendo dentro o fuera de Granada, tiene a su Patrona como una inequívoca seña de identidad. Pero aún más la expresión sincera que se manifiesta año tras año en esta recién celebrada Ofrende Floral, cargada tanto de humanidad como de espiritualidad, nos ofrece una lección fácil de comprender y difícil de asimilar en su profundidad. Nos enseña, ciertamente, y sólo por este hecho nos mostramos agradecidos.

Pero en mi caso ese agradecimiento es infinitamente mayor. La Real Hermandad Sacramental de Nuestra Señora de las Angustias, encargada de fomentar el culto sacramental y mariano, de custodiar la Sagrada Imagen Patronal y de avanzar en la formación y caridad de sus miembros, en los distintos cuerpos y ramas, tuvo a bien confiarme el pasado mes de diciembre un nuevo mandato como Hermano Mayor. Un orgullo como éste, alejado de cualquier intención de medro personal, es ante todo motivo de gratitud y oportunidad única de trabajar por la Hermandad, de modernizarla en cierto sentido, pero siempre sobre la convicción de que no somos más que eslabones de una misma y larga cadena que atraviesa durante siglos las historia de Granada y de su Iglesia diocesana.

Y esta es la primera grandeza de la Hermandad, su mayor riqueza, los hermanos y hermanas que vieron en la Reina de Granada un sentido a sus vidas, que con sincera disponibilidad se acercaron para acompañarla, para llevarla en procesión, para servir a la Hermandad en todas sus actividades. Nuestra sociedad tiene la obligación moral de reconocer el voluntariado que florece en nuestras cofradías y hermandades, y en este caso particular, el de Nuestra Señora de las Angustias.

Ellos, como tantos otros lo hicieron en el pasado y lo seguirán haciendo en el futuro, se fijaron de una forma especial en la imagen de María sosteniendo a su Hijo muerto en los brazos. Fue una invitación divina la que los trajo por mediación de esta Imagen de tan sólida devoción. Por eso, mirando a la Imagen y a su historia, lograremos ser fieles a la vocación cofrade de una corporación que avanza ya hacia los quinientos años de vida.

Ser fieles a esa vocación es valorar cada vez más la entrega generosa de la juventud, una de las prioridades de la actual Junta de Gobierno. Los granadinos saben bien que el amor a la Virgen de las Angustias lo recibimos y damos de padres a hijos. Los jóvenes son, por tanto, la pieza mimada de la Hermandad. Escuchar sus ideas,

apoyar sus ilusiones, imitar sus cualidades o contribuir a su formación son aspectos tan necesarios como urgentes. Los hemos visto preparando la Ofrenda Floral, montando el altar del Corpus, asistiendo a los cultos, sirviendo al altar (nuestro incipiente grupo de acólitos) y prestándose a cuanto se les pide. Son un valor seguro a la vez que una esperanza, merece la pena apostar por ellos.

Y ser fieles a nuestra identidad es también rescatar esa tradición samaritana que siempre tuvo la Hermandad, desde la atención callada a los hermanos hasta el sostenimiento, con enormes esfuerzos humanos y materiales, de un pequeño hospital que estuvo al servicio de los granadinos durante más de siglo y medio. La obra social de la Hermandad es irrenunciable. Nos lo pide la Iglesia, nos lo exige nuestra condición de cristianos y es a la vez el testigo vivo que recogemos de los hermanos y hermanas que nos precedieron.

La Hermandad ultima hoy el equipamiento de un local dedicado expresamente a la caridad. Será lugar de reunión y escuela de fraternidad. Porque no hay mejor lección que la que se da con el ejemplo. Aspiramos a mantener durante todo el año la campaña de distribución de alimentos que ahora hacemos de forma intermitente, pero también nos ilusiona poder prestar asesoramiento médico o jurídico a quienes lo necesiten y carezcan de medios para obtenerlo por su cuenta. Nuestros mayores recaban también una creciente atención. Muchas veces basta con visitarles y sonreírles.

La cena de la Hermandad es en este sentido también una ocasión propicia para reconocer la entrega generosa que muchos granadinos han hecho a la Hermandad durante décadas y que ahora urge decírselo y agradecérselo, porque así se desprende del ejemplo de María.

Juntos podemos hacer muchas cosas. Quedó demostrado en el pasado Año Jubilar del Centenario de la Coronación. Juntos trabajamos y aprendimos los unos de los otros. Rendimos culto, organizamos actos y recibimos peregrinaciones. Fue una prueba de fuego para la Hermandad y la superó con eficacia y sobre todo con amor. Han sido muchos los hermanos, decenas, incluso cientos, que contribuyeron a esta celebración que era mucho más que un recuerdo de la Hermandad, puesto que prendidos a ese manto protector de la Virgen de las Angustias van numerosos retales de la historia de nuestra ciudad y de sus gentes. Así ha sido y así esperamos que siga siendo.

“La fraternidad se aprende en familia”, nos dijo el Papa Francisco al comienzo de este año 2014. Y sólo de ella nace la paz, esa que tanto necesitamos, a nivel individual y de la humanidad entera. Una plegaria permanente por la paz en el mundo ponemos cada día a los pies de la Virgen de las Angustias. Por eso, pretendemos sencillamente ser una familia, con los miembros de la Hermandad, con nuestra Parroquia e Iglesia diocesana y con Granada entera, que sabe identificarse plenamente, en los sinsabores de la vida, con Nuestra Señora de las Angustias.

Francisco Salazar Rodríguez

Hermano Mayor

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